La sonrisa torcida, con zapatillas sucias y desatadas y el corazón palpitando a 200 km/h. Me sentía a tres metros sobre el cielo dirian las chavalas ahora, ¿no? Ahora me daba cuenta de lo que era ser feliz, lo tenía de frente, a cinco centímetros de su boca y lo único que se me ocurrió decir fue:
- Seguro que nos miran desde las cámaras.
- Seguro que nos miran desde las cámaras.